Las claves de Johan Cruyff (El gran maestro).

El periodico de Catalunya. El Barça cometió muchos fallos ante el Atlético. Por no despejar sin contemplaciones, los delanteros rojiblancos se plantaron cuatro veces ante Valdés. Si no se corrigen estos defectos, el campeón tendrá problemas.
El fútbol es un juego de fallos en el que gana –o suele ganar– el que menos comete. Y el Barça cometió tantos ante el Atlético que comprometió incluso los tres puntos. El 5-2 final está muy bien. Las rachas de fútbol que vimos en la primera parte fueron de cine. Pero un partido de fútbol son 90 minutos, no 45. Y si tu fuerza está en el fútbol control, en el juego de posición y en el ritmo que imprimes al balón, todo se puede venir abajo con tus propios errores. Errores individuales, detalles, que acaban comprometiendo a todos.Ves a este equipo, con los tres nuevos de titulares, y está muy bien, hay mucha calidad. Pero los mismos elementos son capaces de controlar al rival con mano de hierro y de caer en el más absoluto descontrol en el mismo partido. Eso es lo que no me gusta. Dos títulos, tres victorias de tres en la Liga y un empate en el campo del mejor rival del grupo de la Champions. Números en mano, un inicio impecable. La sensación que tengo, sin embargo, es que el campeón de todo, el más elogiado, tiene mucho camino por delante ya no por recorrer, sino por mejorar. Y que si no lo hace, tendrá problemas.Y esta mejora pasa por la minimización de los errores individuales. Más allá de quien era, es o será el rival, fueron los fallos individuales los que permitieron que el Atlético se plantara solo ante Valdés en no menos de cuatro ocasiones. Y que conste que son fallos de buenos futbolistas, no de futbolistas que no saben. ¿Por qué era tan bueno Beckenbauer en su tiempo? Porque podía resolver cualquier problema con calidad... o a lo bruto. Y por bruto no me refiero a una falta o a una entrada sucia, sino a saber cuándo y cómo desprenderse del balón. Lo puedes soltar al pie del compañero o mandarlo a la tribuna si hace falta. Beckenbauer jugaba y hacía jugar, pero tenía otra calidad. Sabía darse cuenta de esa suna o dos veces en que no podía salir jugando el balón como a él le gustaba y lo mandaba directamente a la tribuna. Sin miramientos. Y es que hay un momento, quizá dos en un partido, en que hay que tomar una decisión difícil, por poco estética, que va en beneficio de los tuyos.Todas las ocasiones que tuvo el Atlético nacieron por no tomar esa decisión difícil. Hablo de ese balón que te cae, en el que has de decidir hacer algo con él que no es lo tuyo ni a lo que estás acostumbrado ni lo que te gusta: abortar por las bravas la posibilidad de perder el balón en zona de riesgo que comprometa a un compañero y a tu equipo entero.Un partido de 8-4.Si el partido del sábado acaba 8-4, nadie podría sorprenderse. Los 8 están muy bien, pero los 4 están muy mal. Esta cifra se debería reducir, mínimo, a la mitad. Y que conste que no hablo de fútbol sin fallos. Eso es impensable. Pero sí es posible reducirlos.Da igual lo bueno que seas. Cuando das un cierto pase, si no estás atento, meterás en problemas a otro. O al portero o al defensa. Y entonces todos les mirarán a ellos, si son o no suficientemente rápidos, si tienen más o menos cintura... Una mala decisión anterior con el balón y de repente aparecen todas las carencias del que paga las consecuencias. Aquí de lo que se trata es de evitar el problema no creando el problema.Técnicamente eres bueno. Colectivamente sabes a qué quieres jugar y cómo quieres hacerlo. Si te ubicas bien en el campo y le das rapidez a la circulación del balón sabes que puedes acabar jugando entre bien y muy bien. El peligro es querer demostrar algo en vez de jugar a lo que sabes. El fútbol, como yo lo entiendo y como me gusta verlo aplicado en este Barça, se basa en el juego de posición y en el ritmo de balón. Todo ello con un fin: crear los espacios, las posibilidades para acabar marcando un gol. El fin no es hacer un rondo sin más. Cada pase, cada movimiento, ha de tener un sentido. Si finalizas la jugada, aunque no sea en gol, no hay posibilidad de sorpresa del rival a la contra. Si finalizas la jugada les obligas o a sacar de portería o de banda. Y tú te reorganizas sin más. Si una vez y otra buscas el rondo por el rondo, más tarde o más temprano uno cometerá un fallo. Y si este es en zona de peligro, todos a correr y con desventaja.Los pases de riesgo, siempre arriba, cerca de la portería contraria. Nunca de la propia. Si uno coge el balón en el centro del campo y sube el lateral, su responsabilidad pasa a ser otra más defensiva que ofensiva. Si recibes el balón lo suficientemente arriba sí puedes dar el pase de riesgo porque sabes que a tu espalda hay gente suficiente. Si te sale mal no pasa nada, porque sabes que detrás estás cubierto.Darte cuenta de estos detalles marcan la diferencia entre un buen futbolista y otro más completo. Y si hay dudas al respecto, por poco estético que sea en un determinado momento, que recuerden a Beckenbauer. Calidad, siempre que se pueda. Práctico, y eso siempre se da mínimo una vez por partido, cuando se corra el peligro de comprometer a todos.

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