La ansiedad del público, el peor enemigo del jugador.

El sábado en el estadio de La Victoria del R. Jaén, recordé experiencias vividas la temporada pasada. Y es que el rival del Jaén, el Moratalla, es un equipo que me recuerda mucho al Antequera C.F. de 2ªB, recién ascendido, presupuesto humilde, defensivo, luchador y rocoso y más aún jugando fuera de casa, …a esperar su oportunidad, y a perder el correspondiente tiempo (incluso con cuatro jugadores al mismo tiempo tumbados en el terreno de juego). Y le llegó su oportunidad, vaya que si les llegó. Una acción individual de Topo, que con una conducción desde fuera hacia dentro, culminó con un tiro ajustado al palo. Por cierto, ayer por la mañana vi el Estepona – Murcia B, y el gol de Memo fue también un espectacular zapatazo desde treinta y tantos metros. De ahí hasta el final, la premisa de defender se convertía en máxima obligación.

Por otra parte, la situación del R. Jaén también me recordaba a otra situación parecida y vivida la temporada pasada. Cuando visitamos el campo del Granada C.F., el nuevo Los Cármenes, la situación del equipo deportivamente no era la que el respetable público deseaba, de hecho esa semana se había destituido prematuramente a Óscar Cano. Pero lo cierto, es que desde apenas los primeros minutos, el público ya estaba silbando a los suyos, en vez de animarlos e intentar ayudar a su equipo, le estaban empujando aún más hacía el sendero peligroso del caminar sólo, como si de funambulitas se tratase. Así fue, llegó el golazo de Francis Flores, y el público de Los Cármenes aumentó su presión hacia los que supuestamente eran los jugadores de su equipo, precipitando aún más sus decisiones técnico-tácticas sobre el terreno de juego.

Y éste sábado, en el campo del R.Jaén, idéntico panorama, un público dividido por los últimos acontecimientos extradeportivos, unido a la dimisión del entrenador, hace que los silbidos hacia el juego de su equipo se escuchen desde la primera mitad. Si a eso unimos, el gol del rival, pues se pueden imaginar lo que se escucha en la grada. Y es que, últimamente, me siento tan imparcial como nunca me había sentido viendo partidos de fútbol, y lo cierto es que uno se asusta a veces de las desfachateces que llega a oír del respetable público.

El público, paga su entrada (bueno, como en todos los campos, hay más de uno que no necesita pagar, y encima más aún insulta) es respetable y tiene todo el derecho que estima de opinar lo que le plazca y pase por su mente en ese momento, pero deberían de valorar si merece más la pena, desahogarse y arrinconar a su propio equipo con la presión que ejercen desde la grada, o por el contrario, pararse a pensar, que el jugador de fútbol, como persona que es, en los momentos malos es cuando más se necesita ánimos. Eso por no decir, la de comentarios que se lleva el colectivo arbitral, pero bueno, a veces es que tienen faena con lo que pitan…aunque no por ello se merezcan tal desprecio del respetable.

En fin, un poquito de cordura, civismo y sobretodo educación, también vendría bien en los estadios de fútbol. Seguro que jugadores, entrenadores y árbitros, terminamos agradeciéndolo.

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